En un escenario de calor extremo y sequía, el maíz no siempre cae en rendimiento: activa procesos internos que lo protegen. Investigadores de la UNNE identificaron qué mecanismos le permiten a la planta sostener la productividad bajo estrés.
El maíz, cultivo clave para el Norte argentino, puede sostener su rendimiento frente a olas de calor y sequía si activa ciertos procesos fisiológicos identificados recientemente por investigadores de la UNNE.
Qué descubrieron en la UNNE
Un equipo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura (FaCENA) de la Universidad Nacional del Nordeste determinó qué mecanismos le permiten al maíz mantener la productividad bajo estrés hídrico y térmico, condiciones cada vez más frecuentes en la región.
El trabajo se centró en identificar procesos internos de la planta que “amortiguan” el impacto del calor y la falta de agua sobre el rendimiento, en lugar de caer abruptamente cuando se superan ciertos umbrales climáticos.
Importancia
En el Chaco, Corrientes, Formosa y norte de Santa Fe, Santiago del Estero, el maíz se siembra en ambientes con veranos muy cálidos y periodos secos intercalados. Saber qué procesos usar para elegir variedades o ajustar manejos permite:
-Reducir el riesgo de pérdidas severas en años con estrés térmico-hídrico.
-Aprovechar mejor el agua disponible en el perfil, clave en zonas sin riego.
-Tomar decisiones más informadas sobre fechas de siembra, densidades y híbridos.
El hallazgo es especialmente relevante en un contexto de mayor variabilidad climática, donde los extremos de temperatura y los “veranillos” dentro del ciclo son cada vez más habituales.
Hacia aplicaciones prácticas
en el campo
Aunque el estudio es de base fisiológica y molecular, abre la puerta a:
-Caracterizar híbridos según su capacidad de activar esos procesos protectores.
-Incorporar estos criterios en programas de mejoramiento genético regionales.
-Generar recomendaciones de manejo que prioricen la estabilidad del rendimiento más que solo el potencial máximo en años “ideales”.
-Para el productor, esto se traduce en una herramienta adicional para construir sistemas más resilientes, donde el maíz no sea tan vulnerable a un golpe de calor o a una pausa larga de lluvias en momentos críticos del ciclo.
Nota: Este artículo se basa en la noticia publicada por Medios UNNE el 24 de junio de 2026, donde se difunden los resultados de investigaciones locales sobre maíz y estrés climático.
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