Investigadores del CONICET desarrollaron un método innovador que utiliza carbón vegetal producido a partir de desechos orgánicos, como cáscaras de girasol o restos de poda, para eliminar contaminantes críticos como el arsénico y los nitratos.
El problema del Arsénico en agua
El arsénico es un elemento natural presente en la corteza terrestre que puede contaminar el agua potable cuando el agua subterránea fluye a través de formaciones rocosas que contienen este metaloide.
La contaminación por arsénico es principalmente de origen natural, aunque también puede provenir de actividades industriales como la minería, la fundición de metales o el uso de pesticidas y conservantes de madera.
En Argentina, al menos cuatro millones de personas viven en zonas donde el agua está contaminada con arsénico, especialmente en la llanura chaco-pampeana, la Pampa húmeda y regiones de las provincias de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, Santiago del Estero, Chaco y Tucumán.
El acceso al agua potable sigue siendo uno de los grandes desafíos para muchas comunidades en Argentina. Frente a esta problemática, un equipo del Centro de Tecnología de Recursos Minerales y Cerámica (CETMIC) ha logrado un avance significativo: un método simple, económico y escalable para purificar el agua utilizando lo que muchos consideran basura.
El carbón vegetal
De residuo industrial a escudo protector Anualmente, el país genera toneladas de biomasa vegetal. Cáscaras de semillas de la industria aceitera o ramas de la poda urbana suelen terminar en vertederos. Sin embargo, para el grupo liderado por el investigador Pablo Arnal, estos restos son una fuente de energía y capacidad química latente.
Oportunidad
Y aquí también se vuelve interesante el estudio ya que Chaco y Santiago son grandes productores de carbón vegetal, generando muchos residuos que quedan de esta industria para el mercado interno y externo, por ende se contaría con materia prima disponible para generar sistemas de filtrado de agua con arsénico a un bajo costo para las poblaciones rurales.